Abstract
Señor Editor: Hemos leído con interés el artículo titulado “Mayor prevalencia de leucemia eritroide aguda en residentes de gran altitud (4000 m)”, el cual analiza la proporción de leucemia eritroide aguda (LEA) en relación con la altitud en población boliviana. Entre sus fortalezas destaca el uso de criterios diagnósticos de la OMS 2022 y la estandarización mediante el protocolo EuroFlow, lo cual aporta validez diagnóstica y uniformidad en la clasificación de los casos de leucemia mieloide aguda(1). Una limitación relevante del estudio es que no se menciona un cálculo previo del tamaño de muestra, lo que sugiere que los autores trabajaron con los casos disponibles (n=211), es decir, un muestreo por conveniencia. Esto es importante porque no permite saber si la cantidad de participantes fue suficiente para detectar diferencias reales entre los grupos de altitud. Aunque se identificaron 15 casos de leucemia eritroide aguda, estos se distribuyen de forma muy desigual (10, 3 y 2 casos), lo que podría afectar la estabilidad del análisis estadístico, especialmente al utilizar pruebas como chi cuadrado, que requieren ciertas condiciones para ser válidas(1). Otra limitación importante del estudio es su diseño retrospectivo de corte transversal, debido a que los datos fueron obtenidos de registros recopilados previamente entre 2019 y 2024. En este tipo de estudios, las variables ya ocurrieron y fueron medidas antes de la intervención del investigador, por lo que no es posible corroborar con precisión la secuencia temporal entre la exposición y el desenlace. Debido a ello, este diseño solo permite identificar asociaciones estadísticas y no demostrar una relación causal directa entre la exposición crónica a hipoxia y el desarrollo de leucemia eritroide aguda. Asimismo, al tratarse de información procedente de un único centro de referencia, existe riesgo de sesgo de selección, ya que los casos incluidos podrían no representar adecuadamente a toda la población expuesta a diferentes niveles de altitud(2). Por otro lado, el estudio no incluye variables clínicas ni ambientales relevantes, como antecedentes de síndromes mielodisplásicos, exposición a agentes leucemógenos (por ejemplo, benceno o quimioterapia previa) o alteraciones citogenéticas específicas. La ausencia de estas variables limita la interpretación de los resultados, debido a que constituyen factores determinantes conocidos en el desarrollo de leucemias. Además, la falta de medición de estos factores puede generar un sesgo por variables confusoras no medidas, ya que no es posible determinar si la asociación observada entre altitud y leucemia eritroide aguda se debe realmente a la exposición estudiada o a factores externos no evaluados que podrían influir en el desenlace(3). Asimismo resulta metodológicamente impreciso definir la población de estudio únicamente por la altitud de presentación del caso. El artículo no establece un criterio de tiempo de residencia mínimo en dichas altitudes; sin esta variable, es imposible distinguir si la supuesta asociación con la hipoxia responde a una exposición crónica o si se trata de casos incidentes en personas con residencia reciente en la zona(4). Finalmente, se observa una omisión en la estandarización de los niveles de hemoglobina en función de la altitud de residencia de los pacientes. El estudio reporta una hemoglobina media de (7,3 g/dl)sin encontrar diferencias significativas entre los grupos; sin embargo, no considera que los valores fisiológicos normales aumentan conforme se asciende sobre el nivel del mar para compensar la hipoxia(5). No ajustar la severidad de la anemia según los valores de referencia locales para 4000 msnm frente a 400 msnm limita la caracterización clínica de los pacientes, ya que un mismo valor de hemoglobina puede representar un grado de anemia mucho más severo y un estado de descompensación mayor en un residente de gran altitud. Recomendaciones: • Sería recomendable que futuros estudios incluyan un cálculo de tamaño de muestra antes de la recolección de datos, tomando en cuenta la baja frecuencia de la LEA. Esto permitiría asegurar una adecuada potencia estadística y obtener resultados más confiables. Además, ampliar la muestra mediante estudios multicéntricos o periodos más largos ayudaría a reducir la variabilidad entre grupos y mejorar la interpretación de los hallazgos, ya que trabajar con muestras no calculadas puede llevar a conclusiones poco precisas o difíciles de reproducir(1). • Frente a esto, sería más adecuado realizar estudios prospectivos de cohorte que permitan hacer seguimiento a poblaciones expuestas a diferentes niveles de altitud en el tiempo. De esta manera, se podría observar la aparición de la enfermedad y establecer con mayor claridad si existe una relación temporal entre la exposición y la LEA. Esto es importante porque los estudios prospectivos permiten controlar mejor los sesgos y ofrecen resultados más confiables(2). • Se sugiere que futuros estudios adopten las directrices de la STROBE para la recolección sistemática de antecedentes clínicos y ambientales, lo que permitirá una caracterización más completa de los pacientes y facilitará la realización de análisis multivariados orientados al control de posibles variables confusoras(6). • Asimismo, se recomienda incorporar un criterio de residencia mínima (años de exposición) para validar que la hipótesis biológica del eje HIF-EPO-JAK2 se fundamenta en una exposición crónica comprobable(4). • Se recomienda que futuras investigaciones utilicen fórmulas de corrección o valores de referencia específicos para la altitud al evaluar parámetros hematológicos. Esto es indispensable para determinar con precisión el impacto clínico de la LEA en la homeostasis del paciente, considerando que los mecanismos de compensación eritroide y la definición de anemia varían significativamente según el nivel del mar(5). En conclusión, el estudio aporta evidencia preliminar relevante sobre la posible asociación entre altitud y leucemia eritroide aguda; sin embargo, las limitaciones metodológicas identificadas, particularmente el reducido número de casos, la ausencia de variables confusoras relevantes y las limitaciones inherentes al diseño retrospectivo, podrían afectar de manera importante la interpretación y validez de los resultados. Debido a que no es posible establecer con precisión la secuencia temporal entre exposición y desenlace, los hallazgos deben interpretarse como asociaciones observacionales y no como evidencia de causalidad. Por ello, se requieren estudios prospectivos, multicéntricos y con un mayor control de variables clínicas y ambientales para fortalecer la evidencia y mejorar su aplicabilidad clínica.
References
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