Dra.
Maria Isabel Santos
Dra. Erica Iliana Franceschi Barusso
2° Jefe Servicio de Hematología Hospital Militar Central


“En cada acto médico deben estar presente el respeto por el paciente y los conceptos éticos y morales; entonces la ciencia y la conciencia estarán siempre del mismo lado, del lado de la humanidad”
Doctor René Favaloro.
El 20 de enero sufrimos la pérdida de la Doctora María Isabel Santos.
Graduada Universidad del Salvador 1965.
Residente de Clínica HMC 1966-1968, Jefe Residentes en 1969.
Docente Autorizada en Medicina de la UBA, 1974.
Jefe Servicio de Hematología HMC, 1986-2010.
Miembro Titular SAH desde 1971.
Vicedirectora Curso Enfermería Hematológica SAH, 1994-1995.
Directora Curso Médicos Hematólogos SAH, 1996-1997.
Durante su vida profesional estuvo abocada a la atención de sus pacientes, con gran dedicación y devoción, mas allá de su deber, dando todo de ella.
Muy detallista y perfeccionista en su trabajo, no solo en el cuidado de ellos, sino que además los contenía, los escuchaba, los acompañaba como una amiga que está presente ante un problema.
Hasta el día de hoy muchos de sus viejos pacientes, que hemos heredado cuando ella se jubiló se entristecieron enormemente al enterarse de esta noticia, recordándola con el mayor de los respetos y cariño.
Ejerció una excelente jefatura durante XX IV años en nuestro querido Hospital, tan cordial y respetuosa del trabajo de los otros colegas, ofreciendo cotidianamente su conocimiento a todos los demás médicos.
Era la primera en llegar al Servicio y la última en retirarse, siempre predicando con el ejemplo y la enseñanza.
En todo momento ejercía la actividad docente, tenía una enorme avidez por el conocimiento, manteniéndose siempre actualizada y en constante capacitación, formando permanentemente a profesionales hematólogos.
Estoy muy orgullosa de haberla tenido como Jefa y haberme podido formar con ella, como también de poder tener muchos recuerdos, entre estos, aquellas tardes compartidas haciendo microscopía.
Siempre recodaré su sonrisa y esos hermosos ojos verdes que daban calidez y contención, tanto a sus pacientes como a sus colegas.
El mayor de los cariños a su hermosa familia, de la que ella estaba muy orgullosa siendo la luz de sus ojos. Gracias a su apoyo cotidiano, ella pudo dar todo de si en su trabajo.
Mis palabras son de agradecimiento y de aprecio. Mi mayor admiración a una excepcional profesional médica y a una excelente persona.