Dra. Beatriz Iparraguirre
Revista Hematología
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Dra. Beatriz Iparraguirre

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Arias, M. (2021). Dra. Beatriz Iparraguirre. Revista Hematología, 25(2), 95–96. https://doi.org/10.48057/hematología.v25i2.379

Resumen

La primera mujer presidenta de la Sociedad Argentina de Hematología Beatriz Iparraguirre egresó como médica de la Universidad de Córdoba y, jovencita, arribó junto a una amiga a la gran ciudad de Buenos Aires a forjar su destino en el Hospital Ramos Mejía. Poco tiempo después obtuvo una beca que la llevó a Estados Unidos. En 1960 regresaba del Hospital Michael Reese de Chicago donde había realizado su residencia especializada en el estudio de talasemias y hemoglobinopatías y era recibida por la mítica Sala 18 de enfermedades de la sangre del Hospital Ramos Mejía, a cargo, en ese entonces, del Dr. Gregorio Bomchil.
Rápidamente organizó el laboratorio para diagnóstico de anemias hereditarias asociadas a hemoglobinopatías, síndromes talasémicos y otras eritropatías de origen genético. Ya por aquellos tiempos forjó una fuerte relación entre médicos y laboratorio que tanto valoramos hoy los bioquímicos. Por ese laboratorio rotarían posteriormente numerosos becarios de centros de investigación y Universidades de todo el país, con quienes trabajó intensamente. El producto de esta actividad se concretó en numerosas comunicaciones científicas, que culminaron en Congresos nacionales e internacionales de la especialidad, así como la publicación de trabajos en revistas científicas nacionales y extranjeras. Como corolario, en el año 1973 se publica en “Acta Hematológica” el descubrimiento de una nueva hemoglobina inestable: la
Hemoglobina Buenos Aires en una familia estudiada por ella.
La Dra. Iparraguirre, tuvo una vida surcada por innumerables sucesos que la destacaron como docente y
formadora de residentes, con un carácter firme, para algunos inflexible, influyó en el destino de muchos profesionales; tal es el caso de la Dra Lucía Kordich quien la hace casi responsable de haberse dedicado a la Hemostasia. A principios de 1978, en la época oscura de nuestro país, estuvo detenida y su reconocimiento internacional fue el salvataje de su vida gracias, también, a la ayuda del Dr. Daniel Catovsky desde su labor en Inglaterra.
Ese mismo año asume como jefa del Servicio de Hematología del Hospital Francés de Bs. As donde tuvo
a su cargo, además, el laboratorio de Hematología; fundó allí el centro de referencia de Hemoglobinopatías, a donde concurrían pacientes de todo el país para ser estudiados junto a sus familias. Fue, también, el lugar de rotación de infinidad de médicos hematólogos que llegaron a ser muy prestigiosos.
En el año 1984, siendo una estudiante de Bioquímica, me tocó ingresar al Hospital como técnica y conocerla. Me desarrollé en hemostasia en el servicio donde la estrella era la anemia, y allí transcurrieron muchos de mis años observando su accionar y su desempeño siempre tan dedicado. Para todos nosotros era “la Doctora”, siempre rigurosa y exigente. Nunca se desvió de su rumbo y pensamiento.
En 1986 fue nombrada Presidenta de la Sociedad Argentina de Hematología, cargo al que accedió nada
más ni nada menos que como la primera mujer que lograba tal denominación.

Estas fueron sus palabras en Febrero de 2013 refiriéndose a la Sala 18: “Fuera del contexto histórico,
deseo expresar a título personal, mi reconocimiento y agradecimiento a tres profesionales médicos: los Dres.
Arturo Musso, Gregorio Bomchil y Marcos Kleimans, a quienes considero los verdaderos artífices de la transformación de un Servicio, inicialmente dedicado a la clínica hematológica en una institución, a la que me enorgullezco de haber pertenecido, que logró prestigiar aquella práctica, incorporando los progresos de la bioquímica, la biología y la investigación científica”.
Se casó y tuvo 2 hijas, Irene y Ruth, y 4 nietos Alejo, Nicolas, Yann y Luisa. Pude observar cómo esa profesional de posiciones tan férreas era, además, una abuela amorosa y presente, al punto que los viernes eran dedicados exclusivamente a sus nietos. De este costado humano y tierno, quienes fuimos parte de su equipo de trabajo recordaremos siempre aquellas ocasiones en que llevábamos al Hospital a nuestros hijos -por alguna causa mayor- y ella les contaba historias y les hacía dibujos, desdibujando su rol de jefa ante nosotros.
Después de su jubilación se fue a vivir a Vicente López al edificio de su hija Irene y su vida dió un vuelco al dejar su gran amor la Hematología, para dedicarse por completo a ser abuela, a cultivar la lectura y los grupos literarios hasta principios de este año. Según palabras de Irene, era una maga en la cocina, y las tortas eran su especialidad. Cosa que quedó plasmada en un recetario que, seguramente revivirán sus nietos.
En 2019 festejó sus 90 años rodeada de todos sus afectos.
Finalmente, quisiera compartir una anécdota: a poco de ella haber quedado viuda la invité al cine y accedió. Fue una única vez que nos encontró a las dos solas viendo “Il postino” con Beatrice como heroína (así la llamaba su marido, me acotó) y luego cenamos en un bodegón. Recordando este momento me viene la sensación de haber estado mano a mano con alguien que abrió caminos, a su modo, creyendo que lo mejor era ser estricta pero que evidentemente era sensible en los aspectos de la vida en los que el afecto sí debía ser el gran protagonista…. La vida es así, impredecible, inesperada y asombrosa. Me quedo con una frase de la película: “La poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita”. Y las historias de vida como la de “La Doctora” estarán presentes en aquellos que compartimos momentos con ella: compañeros profesionales, colegas de la Sociedad de Hematología, sus hijas, sus nietos, sus hermanos, sus sobrinos y sus amigos.

https://doi.org/10.48057/hematología.v25i2.379
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