Resumen

El querido Dr. Federico Sackmann-Muriel nos ha dejado en la madrugada del 26 de marzo pasado, “tranquilo, después de una vida plena, disfrutando hasta último momento”, en las palabras de su hijo Federico.
El Dr. Sackmann-Muriel tuvo una sólida formación primero como pediatra y luego como hemato-oncólogo en Estados Unidos, siendo una “rara avis” de su generación en Argentina, con este antecedente formativo en la especialidad. Realizó investigaciones pioneras en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez en los años ´70. En ese entonces, las posibilidades de curación en esta enfermedad eran limitadas y el Dr. Sackmann-Muriel utilizó todo su conocimiento, su empeño y su vida misma, para diseñar estudios de investigación que permitieran mejorar las posibilidades de curación. Muchas de sus tempranas investigaciones, como las referidas a la necesidad del tratamiento del sistema nervioso central como un sitio de recaída o el evitar la radioterapia en los pacientes con linfoma de Hodgkin, todavía son la base de estudios en la actualidad.
Fue un visionario durante toda su carrera, ya que impulso la necesidad de realizar una investigación bien diseñada, rigurosa y colaborativa, como el único camino para el avance en la curación del cáncer infantil.
El Dr. Sackmann-Muriel fue impulsor y fundador del Grupo Argentino de Tratamiento de Leucemias Agudas (GATLA), poniendo a la hemato-oncología pediátrica del país en la primera línea mundial de la investigación y el tratamiento de la leucemia infantil.
Él vivió el momento en que la leucemia linfoblástica aguda pasó de ser una enfermedad incurable, a curarse en la mayoría de los casos y fue parte activa de ese logro. En su búsqueda de generar conocimiento que permitiera la mayor curación de los niños y niñas con leucemia, entendió muy tempranamente que sólo con la colaboración internacional se podrían extender los grandes avances que ocurrían en ese momento. Su visión amplia, que contemplaba los múltiples puntos de contacto entre la Hematología y la Oncología en Pediatría, su conocimiento profundo, su personalidad cautivante y su determinación por la excelencia le permitieron ser una de las figuras más importantes de esta etapa legendaria en la Hematología y Oncología pediátrica a nivel mundial. Fue un participante clave en las investigaciones del grupo BFM (Berlín-Frankfurt-Munster), trabando una entrañable amistad con el Dr. Hansjorg Riehm con quien lo unía la pasión por su trabajo incansable en la curación de la leucemia pediátrica. El Dr. Sackmann-Muriel continuó su carrera en el Hospital Italiano y luego fue el primer jefe del servicio de Hemato-Oncología del Hospital Juan P. Garrahan desde 1987 hasta su jubilación.
Los que tuvimos la fortuna y la dicha de conocerlo, sabemos que fue de las personas que podemos considerar un verdadero “MAESTRO”. Nos enseñó del rigor científico, la importancia de seguir estudiando siempre y de volver a las bases de la pediatría clínica (uno de sus libros de cabecera seguía siendo el texto de Pediatría de Nelson) y, sobre todo, la importancia de seguir examinando a los pacientes y correlacionando la clínica con la morfología en el microscopio.
Fue, sin dudas, uno de los padres de la Hematología y la Oncología Pediátrica de nuestro país y de toda América Latina y sentó las bases para un trabajo de calidad en los lugares donde trabajó, finalizando su carrera exitosa en nuestro querido Hospital Garrahan.
Allí, nos eligió a varios de nosotros para seguir su camino, y sin dudas, ese legado, marcó nuestras vidas profesionales. Siempre estuvo disponible para enseñarnos y a la vez, para dejarnos crecer. Muchas de sus palabras y sus dogmas, aún los repetimos en nuestros pases de sala, recordando simpáticamente su especial tonalidad de voz, que tristemente las generaciones jóvenes, no conocieron. Fue además reconocido internacionalmente, por sus logros y capacidades, recibiendo premios y elogios de las figuras más relevantes de su campo de trabajo. Fue, además, una persona que disfrutaba de su familia, de sus hijos, de sus nietos y que estaba pendiente de cada uno de ellos, mencionándolos con amoroso sentimiento cada vez que en estos últimos años conversamos. La jardinería y el ajedrez fueron, junto con el tenis, sus hobbies y luego de retirarse, dedicaba su tiempo a transmitírselos a sus nietos.
Federico Sackmann-Muriel dejó una impronta imborrable en quienes lo conocimos y un enorme legado para la medicina argentina y Latinoamericana. Los miles de niños y niñas que han salvado sus vidas gracias a que personas como él existieron nos empujan, tratando de pararnos sobre sus anchos hombros, a seguir el camino que él nos mostró.
Siempre estará presente en nuestros corazones y en nuestras mentes, donde supo cultivar con esmero, cual buen jardinero, conocimientos, necesidad de razonar, compromiso con el paciente y el deseo de vivir intensamente. ¡Lo vamos a extrañar, querido Dr. Federico Sackmann-Muriel, profesor y maestro entrañable!