Resumen

“Proceder con honestidad, en aras de dignidad del hombre, es el compromiso más trascendente en nuestro corto paso por este mundo”


Doctor René Favaloro.


El 24 de noviembre de 2020 sufrimos la pérdida del doctor Alfredo Carlos Basso a causa del maldito SARS CoV-2.


Nació el 23 de mayo de 1946 en El Trébol para luego, a los 8 años de edad, mudarse a Rosario. Ya durante sus estudios secundarios mostraba una firme vocación hacia la medicina, seguramente influenciada por la labor de su padre, Alfredo. Curso sus estudios universitarios en la Facultad de Medicina de la Universidad de Rosario, graduándose el 8 de febrero de 1972.


Tito fue un referente de la hematología rosarina y argentina. Gran parte de su desarrollo profesional estuvo abocado al campo del trasplante de células progenitoras hematopoyéticas, a tal punto que fue uno de los fundadores de CETRAMOR, el primer centro de trasplante de medula ósea del interior del país, junto con la doctora Graciela Saporito y los doctores José Lein y Jorge Saslavsky. Además, se desempeñaba como miembro activo de Grupo Argentino de Trasplante de Medula Ósea (GATMO) y en otras áreas de la Sociedad.


En su práctica diaria mostraba gran dedicación para con sus pacientes, conociéndolos hasta en el más mínimo detalle, llegando a adoptar con algunos de ellos una actitud paternal.


Ejercía la docencia a diario, en cualquier momento, muchas veces con la perspectiva histórica que solo tienen aquellos que fueron viviendo cada uno de los adelantos que tuvo la medicina en general y la hematología en particular. Presentaba una enorme avidez por el conocimiento, manteniéndose siempre actualizado y en constante capacitación.


Fue metódico, detallista, perfeccionista en su práctica asistencial. Cascarrabias cuando algo no se hacía o no salía como su forma pregonaba. Era amante del buen humor con el cual solía entretener a sus pacientes, incluso durante los trasplantes, y mediante el que matizaba la angustia que las prolongadas internaciones generaban.


Como hincha fanático del canaya, no le quedaba otra que sufrir por su querido Rosario Central, el que de vez en cuando le retribuía su fidelidad con alguna alegría.


Con las perdidas de Graciela y José y el retiro de Jorge, Alfredo era el capitán del barco, como a él le gustaba parafrasear, que quedaba en CETRAMOR. Con su partida solo nos queda tomar el timón para seguir con la tarea iniciada allá por los 90, con la misma responsabilidad, profesionalidad e ímpetu que ellos pregonaron.