Resumen

La docencia y la investigación fueron parte fundamental de la trayectoria de Graciela Lucero. Toda su vida dedicada al estudio, análisis e interpretación de cada patología. Su diagnóstico claro y detallado fue una herramienta vital en el manejo médico de cada muestra de pacientes que llegaban a su mesada.
Graciela egresó de la Facultad de Farmacia y Bioquímica (UBA) donde obtuvo su título de bioquímica en 1975. Al poco tiempo comenzó sus pasos en la hematología y fue discípula de “un gran maestro”, el Prof Dr. Víctor Grignaschi. Allí, junto a otros profesionales, continuó el camino de la enseñanza de la morfología y citoquímica en la cátedra de Análisis Clínicos de la Facultad de Farmacia y Bioquímica (UBA) hasta sus últimos días, donde ejerció como docente de Oncohematología del curso post-grado de Especialista en Hematología.
Luego de su paso por el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York, se inició en el camino de los análisis de inmunofenotipos por citometría de flujo y, de regreso al país, en la Unidad de Investigaciones Oncohematológicas de ONCOLAB. Desarrolló una tarea asistencial intensa mientras implementaba numerosas técnicas. Se dedicó en forma incansable al diagnóstico, trabajando en equipo con los distintos colegas médicos, anatomopatólogos, citogenetistas y biólogos moleculares, a los cuales les brindó un lugar de relevancia en su laboratorio.
Ejerció la docencia en diferentes ámbitos, como la Asociación Bioquímica Argentina (ABA), el Colegio de Farmacéuticos y Bioquímicos en sus diferentes distritos, la Universidad del Salvador, la Universidad de Tucumán, la Universidad de San Luis, la Universidad de Morón. Realizó innumerables exposiciones en congresos y cursos de la especialidad. En la Sociedad Argentina de Hematología trabajó para lograr un lugar de reconocimiento hacia el bioquímico, como parte importante del equipo de salud. Brindó su experiencia y conocimiento en forma directa, dentro de las comisiones que integró, y en la carrera de médicos especialistas.
“Yo no sé lo que es el destino / Caminando fui lo que fui / Allá Dios, que será divino / Yo me muero como viví, / Yo me muero como viví”, dice Silvio Rodríguez en El Necio Y así como la poesía de Silvio Rodríguez, tenemos la imagen de Graciela en cada recuerdo, “el amor por sus padres, hermanos, cuñada y sobrinos”. Su dedicación, perfeccionismo. La pasión por el arte en todas sus formas de expresión: el teatro, el ballet, la ópera, de la cual era una apasionada, y la pintura que amaba.
Disfrutaba de sus amigos, las tertulias, las cenas, el buen vino y los viajes.
No sabemos si tuvo todo lo que necesitaba, pero estamos seguras de que disfrutó minuto a minuto de cada proyecto que se propuso realizar y pudo alcanzar. Siempre quedará en el corazón y en el recuerdo de cada persona que tuvo la posibilidad de conocer su impronta y recibió algo especial de ella. Fue ¨maestra¨ de muchos y también nuestra, nos dejó su legado: el amor por la docencia, su rectitud y exigencia en la enseñanza. Sus valores serán reconocidos por siempre.