Resumen

Nos unimos en esta semblanza de homenaje a Ricardo. Tal vez pocas veces algo nos una tanto como este dolor de ausencia que a todos nos embarga sin diferencias generacionales.Nació un 14 de octubre de 1963 en la ciudad Buenos Aires. Se recibió de bachiller en el Colegio Nacional de Buenos Aires y se graduó como bioquímico en la facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA. Se inició en la docencia como ayudante en el Departamento de Bioquímica Clínica del Hospital de Clínicas y en la Universidad Maimónides.En medio de esa juventud plena, ese muchacho menudo y habitualmente sonriente partió hacia EEUU don-de se graduó como investigador en la Unidad de Investigaciones Metabólicas de la Escuela de Medicina de San Francisco, Universidad de California.La vida y sus designios lo llevaron a tomar la decisión de retornar al país y desde entonces sus actividades científicas y profesionales han sido tan vastas como su facilidad y dominio de la amistad.Se desempeñó en el Sector de Biología Molecular del Instituto Alexander Fleming y condujo dicha activi-dad en la Unidad de Investigaciones Oncohematológicas de ONCOLAB, donde, junto a la Dra. Graciela Lucero, desarrolló una tarea asistencial intensa mientras implementaba numerosas técnicas diagnósticas en el área de la biología oncológica en general. Como en cada uno de los grupos de los que formó parte, impregnó su actividad con su don de gente, sembrando afecto con responsabilidad, y así fue cosechando amigos más que compañeros, espontánea y naturalmente hasta último momento, como en el Laboratorio de Biología Molecular del Centro de Diagnóstico Molecular.Fue jefe de trabajos prácticos en el Departamento de Química del Instituto de Ciencias de la Universidad Na-cional de General Sarmiento (UNGS), y jefedel Sector de Biología Molecular en el Centro de Estudios de Hemostasia, Trombosis y Análisis Clínicos.Ingresó como miembro titular de nuestra sociedad en el año 2006 y rápidamente pudimos contarlo entre los más activos partícipes, desempeñándose con destacada dedicación como integrante del Comité Científico y de las dos últimas Comisiones Directivas.Dueño de una trayectoria plena, con su apariencia de joven eterno, de modales corteses, generoso al brindar sus conocimientos y experiencia, en el año 2008 aceptó el desafío de transitar el mundo de la actividad pú-blica con sus avatares, inaugurando el Laboratorio de Biología Molecular del Hospital General de Agudos J.M. Ramos Mejía. Y así fue que los hematólogos de los hospitales públicos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires disfrutamos y nos engalanamos por contar con él, abusando, probablemente, de esa paciencia y buenura sin límites.Fue becario en la Academia Nacional de Medicina, en la División Citometría de Flujo, y en la Universidad Federico II en Nápoles, Italia, en el Departamento de Bioquímica y Biotecnología Médica por la “Beca Jorge Oster” que otorgaba la Fundación Bunge y Born.Autor de varios trabajos científicos en congresos, revistas nacionales e internacionales, entre sus premios se cuentan el otorgado en 1993 al mejor trabajo en Bioquímica Clínica por la Asociación Médica del Hospital de Clínicas, José de San Martin, Facultad de Medicina UBA; el premio EVISTA en 1998, de la Asociación Ar-gentina para el Estudio del Climaterio; y en 2011 el bienal sobre “Investigación Básica en Cáncer Humano y Experimental” con el auspicio de la Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer, por el trabajo: “Exclusión de AMPc y proteínas de resistencia a multidrogas (MRPs) - Nuevos blancos para terapias diferenciantes en leucemias”. Sin perder el optimismo, unos días antes de su deceso nos compartió la alegría de haber contribuido en el desarrollo de un trabajo sobre cáncer y herencia que fue presentado recientemente en un congreso internacional de genética en China.Así como coincidimos en considerar que su trascendencia va mas allá de estas conquistas profesionales, sabemos que su más preciado premio se llama Catalina, “Cata”, su hija, quien, junto a su par incondicional, Leticia, completaron eso indescriptible que es el significado misterioso de su vida.Cultor de la amistad y del buen vino, lo imaginamos casi jugueteando en la cotidiana y fascinante tarea de intentar comprender el significado de las diferentes posiciones de los genes, por lo cual fue invitado como relator a numerosas reuniones científicas en el área de genética, biología molecular oncológica y oncohe-matológica. Y nos deja preguntándonos dónde está codificada esta conjunción de buena gente que nos hace sospechar la existencia del alma.Tal vez por su espíritu de adolescente eterno y su capacidad de asombro intacta es que exclamaba el típico: “¡¡santos cielos!!” ante las experiencias que el otro deseaba compartir, como así también “parece compli-cado pero, en realidad es muy sencillo”,animándonos a los médicos a ingresar al mundo de la biología, porque también fue docente en el curso superior de la especialidad de nuestra sociedad, en los cursos de post grado de bioquímica, en la maestría de biología molecular, Facultad de Farmacia y Bioquímica (UBA) y en la Universidad Nacional de Tucumán.Aún recorriendo el camino de la dura enfermedad, no dejó de alentar y repartir afecto al equipo de queridos colegas que afrontaron la tarea de intentar superar su compleja dolencia.¡Qué maravilla haber compartido con Ricky, qué privilegio!, un premio en nuestras vidas. Lo extrañamos, imposible haber imaginado que deberíamos acostumbrarnos a esta ausencia precoz. Son extraños los con-juros del destino y trascienden nuestra capacidad de entendimiento y aceptación. Tal vez sea porque Ricky integra ese “clon” peculiar de gente imprescindible o, al decir del poeta Hamlet Lima Quintana, “hay gente que es así tan necesaria”.