Resumen

La historia de los estudios de trombofilia es muy in-teresante y contamos en la actualidad con extensas revisiones. Si bien la solicitud de la misma puede ser de utilidad en casos seleccionados, efectuarla en forma indiscriminada conlleva un daño mayor que el potencial beneficio que algunos quieren atri-buirle.Existe una evidencia clara de que hay falta de adherencia a las guías de recomendaciones sobre qué pacientes son los indicados para ser estudiados(1). Esta actitud prolonga innecesariamente tratamientos anticoagulantes en algunos pacientes a los cuales se les detecta una trombofilia, a pesar de que la misma puede no ser un marcador de riesgo de recurrencia trombótica(2). A su vez, puede conducir a una sobre-medicación en otras situaciones, como son las com-plicaciones obstétricas, cuando se detectan polimor-fismos prevalentes en la población sin valor clínico/obstétrico(3).Hace ya varios años Branch W(4), en su trabajo “La verdad sobre la trombofilia hereditaria en el embarazo”, dice: “No hay nada que me provo-que más fastidio que tener que quitarle la heparina a una mujer, que se la indicó otro especialista por tener una MTHFR heterocigota que posee el 30% de la población en EEUU”.