Resumen

Hace más de 50 años que la heparina no fraccionada (HNF) fue introducida en la práctica clínica y continúa siendo utilizada, por ser un anticoagulante efectivo, de bajo costo y relativamente seguro. Aunque ha sido parcialmente remplazada para varias indicaciones por la heparina de bajo peso molecular (HBPM), aún permanece como el anticoagulante
parenteral de elección en grupos seleccionados de pacientes.
Tanto la HNF como la HBPM ejercen su actividad anticoagulante a través de la unión a antitrombina (AT). Inducen un cambio conformacional en la molécula de AT que aumenta su capacidad de inhibición de la trombina (IIa), factor Xa y en menor medida de los factores IXa, XIa y XIIa. Sin embargo, como la respuesta anticoagulante a la heparina es variable
entre distintos pacientes, es una práctica estandarizada monitorear y ajustar la dosis basándose en los tests de coagulación. El objetivo del monitoreo de laboratorio es seleccionar la dosis que logre el efecto anticoagulante óptimo, previniendo la formación de trombos o su progresión mientras se minimiza el riesgo de sangrado. El test ideal para el monitoreo debería cumplir las siguientes condiciones: tener una relación bien definida y preferiblemente lineal con la evolución clínica (trombosis recurrente y sangrado), buena precisión, estandarización entre laboratorios con los distintos reactivos utilizados, estar fácilmente disponible y ser de bajo costo.